Menú adolescente


¿Y una tarifa joven para hoteles, aviones y restaurantes para adolescentes?


No son niños pero tampoco adultos aunque en el turismo se les considere como tales. Hablamos de los adolescentes, esos turistas en tierra de nadie a puertas de ser turistas con voz propia en unos años. Pero hoy, a partir de 12 años en los hoteles todavía computan la mayoría de las veces como adultos, lo mismo que en muchas aerolíneas. Eso sí, ni pueden pernoctar solos en el alojamiento ni volar en muchos de ellos sin que alguien se haga cargo de ellos, bien sea un familiar, bien personal de la aerolínea designado para tal fin..

Luego está el tema de la restauración. O hay menú infantil hasta los 11 años o hay menú adulto a partir de los 12 cuando de esta edad y poco más no consumen como adultos.

MENÚ SIN ALCOHOL

Otro asunto podría ser el de los adolescentes entre 16 y 17, pero aún así sigue siendo una franja mínima. Todo ello sin olvidar que a ninguno le está permitido beber alcohol que es lo que encarece la factura final con el margen amplio que se gana con el vino, por poner un ejemplo. Basta ver la diferencia en los precios de los buffets, famosos brunch o menús de fin de semana entre el menú infantil y el adulto para comprobar que los jóvenes ya no son niños pero tampoco adultos con todas las consecuencias. Diferencia que cuando se trata de un hotel añade todavía más enteros. De hecho basta darse una vuelta por las redes para comprobar las dudas y el malestar que genera esta indefinición definida unilateralmente.

TARIFA JOVEN

Así las cosas, y teniendo en cuenta que estamos perdiendo una oportunidad de oro para conquistar y fidelizar a ese turista que un día no lejano será independiente, y con el tiempo además decidirá qué turismo familiar quiere disfrutar, no estaría de más tomar cartas en el asunto para una vez más conciliar cantidad con calidad.

¿No debería plantearse el sector una tarifa y oferta intermedia para estos turistas familiares que computan como adultos pese en muchas ocasiones todavía ser y actuar como niños?

Seguramente las familias consumirían más, las empresas compensarían entre unas cosas y otras, y los adolescentes sentirían que tiene voz propia y que de verdad importan. Algo que no es baladí. ¿Por qué no apostar por esa tarifa joven en el turismo y que ya existe en otros sectores? Seguro que todos de algún modo saldríamos beneficiados.

                                                                                                        Marina IZQUIERDO