Flexibilizar la facturación para el turismo familiar

Facilitar la facturación a los usuarios del turismo familiar siempre tiene retorno positivo para la compañía 
El verano asoma la patita y detrás de la puerta empiezan las prisas. Porque pese a estar en la órbita europea es complicado ir contra nuestro ADN improvisador a la hora de organizar las vacaciones. Y eso que hemos mejorado semanas, de antelación quiero decir, pero aun así junio sigue siendo el mes de “¿dónde y cómo vamos?”

Mi correo bulle de preguntas sobre destinos y ayer sin ir más lejos recordaba una anécdota con un grupo que duda entre dos países europeos cuando salió uno de los temas que más quebradero da: la facturación. Parece mentira que un proceso en apariencia sencillo por lo que de puertas afuera se refiere concentre tanta reclamación y mal humor, vamos, empezar el viaje con mal pie... (Si yo tuviera una compañía aérea cuidaría que fueran las personas más amables y pacientes de la compañía quienes se encargarán del que puede ser el primer escollo viajero) 
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Llegas con maletas, niños, niñas, bebés, chaquetas, billetes, mochilas. Generalmente con prisas y dependiendo de la hora, con sueño. A veces vienes de otro trasbordo. Y encima, igual era en tren y no había carro...

Hay cola porque es julio o agosto y todo el mundo quiere desconectar, descubrir, desparecer de la rutina. Alguien necesita ir al baño. Aún te queda el control de equipaje. El "familias primero" no es habitual, sobre todo si ya no tienes bebés. Te has dejado algo o piensas mentalmente si olvidaste eso que necesitas y donde lo tienes. Y estás deseando liberarte de parte del equipaje para empezar más liviana las vacaciones, o cuanto menos comenzar a sentir esa maravillosa sensación. Hasta que llegas a facturación y… hay una cola de padre señor mío, hay retraso y ni siquiera te dan todavía la opción, o no tienen preferencia para las familias. Si tienes la suerte de que no sea así, ahora viene el momento más tenso: el peso del equipaje.

DOS+DOS= CUATRO

Hay unas normas. Lógico. Y el que se excede del peso estipulado tiene que pagar el suplemento si lo hay o pensar dónde lo va a dejar en tierra. Hasta ahí bien. Pero lo que las familias no acaban de entender, y las compañías deberían intentarlo por aquello del buen nombre de su empresa, es que dos más dos son cuatro. ¿Por qué no hacer un pack familiar que cumpla con los requisitos sin tener que pormenorizar el peso de la maleta de cada viajero? ¿Por qué no aplicar medidas en pro de la flexibilidad que requiere este segmento en concreto? ¿Por qué no computar suma una maleta de ocho kilos con una de doce si al final las dos dan veinte? ¿Por qué empezar las vacaciones con un innecesario tira y afloja que se podría solventar? 

La calidad, la fidelidad y la buena reputación se consiguen paso a paso, y en este caso, contribuir a esbozar la sonrisa que nos hemos ganado todos a pulso equivale a dar un paso largo. 



Marina IZQUIERDO