Viajar con perro en coche y en tren

 Son uno más de la familia y a la hora de viajar velaremos por su seguridad y por la de todos.
Si viajar en familia no siempre es fácil en cuanto a instalaciones, cuando se trata de viajar con ese miembro de la familia que ladra y lame para hablar y besar, rizamos el rizo de los requisitos para llegar a buen puerto. Nuestro amigo más fiel, el perro, se convierte desde el primer día en casa en uno más de la familia y aun cuando no siempre lo llevemos con nosotros cuando de turismo familiar se trata, para incorporarlo a una escapada vale la pena tener en cuenta cómo y cuándo puede viajar con nosotros.

El coche es sin duda el transporte que menos pegas nos pone al respecto, y el avión, el que más. A mitad camino, el tren y el barco siempre que no se trate de un crucero.
Aunque parezca extraño, Tráfico regula de puntillas el aspecto “Perro a bordo” dejando claro que lo importante es que no distraiga la atención del conductor y pueda causar un accidente y la correcta sujeción de objetos y animales transportados. La norma más sensata es tratarlo como a un miembro más de la familia, que al fin y al cabo es lo que es. Y por lo mismo velar por su seguridad y por la nuestra. Correas de cinturón con arnés, cestas o transportines fijados con cinturón o si son pequeños y encajan a los pies de los asientos traseros, red o barra trasera.  

Todo ello sin olvidar las más obvias: viajar una vez cumplidas las vacunas de rigor, con sus documentos, deteniéndonos cada dos horas, llevar agua y comida, algún juguete, y no dejarlo asomarse a la ventanilla pues podría lastimarse.   


Si viajas en tren con perro, los requisitos son claros: en AVE, larga y media distancia no más de 10 kilos de peso y transportín que no exceda el tamaño 60x35x35. En Cercanías pueden ir sin jaula, con correa y bozal. Aunque Renfe impone una cláusula complicada pues todos estos requisitos están sujetas a una medida un tanto arbitraria: "se permite su transporte siempre que no se opongan el resto de los clientes". Las personas que queramos viajar con perro quedamos así a expensas de las filias y sobre todo las fobias del resto de viajeros. Si no agrada o simplemente molesta la presencia de nuestra mascota (igual que perros hay humanos de todo tipo) la compañía debería abogar por una solución intermedia como pudiera ser cambiar de vagón, y así tanto el viajero anti perros (también los hay anti niños) como el viajero amante de los perros podrían alcanzar un acuerdo satisfactorio para ambas partes. 

Marina IZQUIERDO