¿Marca España?: la competencia en casa

He vivido en 5 países durante la última década de mi vida con lo que el tema “Marca España” ha sido algo con lo que he convivido o malvivido, según el momento, el sector o el país. Profesional y personal. Desde el púlpito del periodismo o la docencia hasta el carrito del supermercado o la carta del restaurante. Con orgullo muchas veces pero también con rabia.

Marca España. Todavía no somos conscientes de lo que tenemos, aunque para eso es importante viajar al extranjero, ver, comparar y si además se vive una temporada fuera, disfrutarlo o sufrirlo.  Tenemos producto y de calidad pero
nos falla el “marketing”

Cierto que la crisis no ayuda a vendernos, pero ¿sabemos vendernos? Para hacerlo primero tenemos que elevar algún que otro punto nuestra autoestima, desterrar ese absurdo sentido del ridículo tan español y aterrizar sobre la realidad.  Ser menos taifas sin olvidar nuestro origen, cierto, y más fenicios. Aunar sinergias incluso con la competencia y por supuesto entre los diferentes sectores: crecer juntos en vez de sacarnos los dos ojos para aparentar más que el de al lado que esta tuerto, cuando con tres ojos veríamos mejor que con uno... Es una de nuestras lacras, esa envida insana.

Entre los que no se lo creen,  los “Internacionales” que se sienten multinacionales sin reivindicar ave nodriza alguna, y los “Autonómicos”  excluyentes, Marca España lo tiene complicado.

Es mejor sumar que restar, y no por ello se pierde identidad. Como Europa. ¿O acaso no es cierto aquello de divide y vencerás que podría adaptarse a otras marcas extranjeras? Con una gran diferencia: que nuestros enemigos/competidores somos nosotros mismos

El Turismo, nuestro buque insignia, debería estar presente en todas y cada una de nuestras ferias, foros, mercados y hasta bazares. Da igual que el evento sea de alimentación, moda o incluso solidario. Todo está relacionado.

TURISMO, IDIOMA, ALIMENTACIÓN, MODA...

Tenemos en el español una de las lenguas más ricas del mundo y todavía estamos en rodaje con el Turismo Idiomático. Mis alumnos en la Universidad de Columbia estaban fascinados por España. En consonancia con NYC que vivía con simpatía todo lo español. Pero hacían más ruido las promociones de Guatemala y otro países al tiempo que estrenábamos un activo Instituto Cervantes que se quedaba pequeño.

Mucho Vino de España pero en la tienda de bebidas de los diferentes países hay que proponerse buscarlos y con suerte, encontrar alguno, por no hablar de la carta del restaurante apenas presente…

Y del supermercado, Italia pura y dura. Son  únicos y nos llevan años de ventaja. Aunque todo hay que decirlo: las marcas españolas empiezan a dejarse ver. Todo ello sin olvidar el peso de nuestra moda en todo el mundo: Zara, Mango, Tuc Tuc, Cortefiel, Mayoral, Woman Secret, Campers…

Porque estar estamos. Y si  no basta ver la red de bancos, empresas de energía, constructoras, aseguradoras, telefonía…  que crecen y se multiplican por el  mundo, pero no “ejercemos” 

Por no hablar de nuestros deportistas, de nuestra cultura, de nuestra gastronomía, de nuestro larga lista de patrimonio de la Humanidad...son tantos los campos de éxito susceptibles de vender más y mejor Marca España.

En Quinta Avenida  me han parado más de una vez para preguntarme por el abrigo o las botas de mi hija pequeña y con todo orgullo he dicho eso de “made  in Spain” con la coletilla de “Europe” por si acaso (podría haber dicho además que eran de Elche/Alicante, o de Valencia en textil, pero mi interlocutor ahí ya se habría perdido)  Me he cansado de hablar de las bonanzas del Serrano frente al Prosciutto (con algún que otro éxito, la verdad) y  no ha habido restaurante en el que no haya pedido vino español aunque no estuviera en la carta…Gotas en el océano, granos de arena en la playa pero…yo sí me creo la “Marca España”.

Cuando estás fuera y ves cómo otras potencias sí saben vender lo suyo fuera y lavar los trapos sucios en casa, para luego ondear una bandera única a la vez que plural, porque se puede, y así les va de bien, te da cierta tristeza. Sobre todo cuando se trata de un reto en el que ganaríamos todos, pero para ello todos los esfuerzos son pocos y la coordinación entre instituciones y empresas y el sentimiento de creer en lo que tenemos, clave.