Hoteles y bienvenida familiar



Como siento la Música by Gabriela (10 años)
Un nuevo hotel, la recepción, el número de habitación, la ubicación y abrir la puerta de los sueños durante los próximos días. Esa sucesión de acontecimientos los niños la viven como algo mágico. Sobre todo cuando a la nunca satisfecha curiosidad infantil, se suma la sensación de libertad tras el viaje, las ganas de abandonar el coche al que muchas veces ha precedido un avión o un tren.


Una vez en la habitación, toca investigar, elegir cama, ver el baño, las vistas y la singularidad de la estancia; aquello que la hace diferente, aquello que les recuerda a otra escapada, aquello que la convierte en especial. Y a jugar. Porque para los niños el juego es su mundo, su forma de comunicarse, de explicarse, de comprender. Y de repente la habitación se convierte en castillo o en improvisada suite a la que han ido sin padres, o incluso en el sofisticado camerino de las nuevas “pop star

Son los clientes más agradecidos, los usuarios más fieles, y a veces, por la edad, los más fáciles de contentar. Pero
para ello se les tiene que tener en cuenta, no vale que pasen como huéspedes invisibles. Y a efectos prácticos, no hay marketing más barato si se compara el impacto con la inversión. Hacerles sentir importantes, que se les tiene en cuenta, que ese hotel no sería el mismo sin ellos.

Una tarjeta especial con su nombre, unos bombones divertidos, un pequeño kit de pinturas y libreta, un lote de pegatinas, un puzzle, un peluche, un dibujo para participar en un concurso, un vale para un desayuno especial niños, la oportunidad de convertirse por un rato en pequeño chef, un juego de pistas si el hotel lo amerita, participar en el gran “collage” que preside el vestíbulo... Mil y un detalles del “welcome family” dedicado con especial cariño al “welcome kids” para que se sientan bienvenidos y un poco como en casa (o como reyes, que es lo mismo) Porque quién es padre  o madre sabe que si sus hijos disfrutan, ellos lo  harán el doble. Y todos tan contentos.

Yo si tuviera un hotel, no escatimaría esfuerzos en el detalle de esa bienvenida a los más “grandes” de las familias que, como todos sabemos,  son nuestros pequeños.